
Sin ser optimista ni pesimista y muy lejos de la objetividad, las redes sociales nos invaden. No encuentro alguien que pueda negar el hecho de que día a día, esta forma de interacción gana millones de adeptos en todo el mundo. Como toda herramienta, depende del uso que se le dé para ser consideradas como algo positivo o meramente útil. Con la complejización de las sociedades, las relaciones humanas tomaron nuevas dimensiones y encontraron espacios inimaginados hasta hace apenas media década.
Las posibilidades de que, mediante la utilización de este nuevo medio de comunicación, aumente el acceso a la información y así la participación de cada individuo dentro de la red, está latente en cada clic que el usuario hace y en cada contacto nuevo que se agrega. Es así que Facebook, Twitter, Hi5, Digg, extienden la democratización de la información.

Sin embargo, mediante el uso de estas herramientas caduca el contacto cara a cara y con el, todos los atributos que se le confieren. No todo lo que brilla es oro, y llegado el momento de extensión de las redes sociales, estas pueden invertir en una incomunicación profunda. Los lazos entre las personas se vuelven tan efímeros como el clic de distancia del que se encuentran. Las categorías de amistad se enmarcan en la frivolidad de de una foto o comentario subido y la jerarquización de las relaciones humanas cobran un nuevo sentido.Es así, que frente a este océano cibernético sólo nos resta saber flotar.

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